lunes, 5 de octubre de 2009

¿Teatro pobre?


Casi siempre, sobre todo en ciudades como la nuestra, donde los recursos económicos y el desarrollo artístico son escasos, debemos recurrir a la inventiva y a la creatividad de los artistas (aficionados o profesionales) para sacar adelante un proyecto teatral. Todo esto sumado a la falta de infraestructura, recursos humanos preparados, y la falta de apoyo del estado, hacen del teatro en el Cusco, un acto heroíco, que no siempre se ve recompensado economicamente, pero si con la satisfacción individual y colectiva del equipo creativo. Lamentablemente, no siempre estos actos heroícos, llegan a buen puerto, y no porque sus recursos materiales sean escasos, sino, debido a una carencia mucho más profunda y grave, el de contenido, sentido, alma, sustancia; es decir aquello que cuentan los personajes de una obra, la historia, el meollo del asunto, pues. Sino entendemos plenamente la historia que hemos elegido contar, menos sabremos como contarla, ni que recursos y/o elementos serán necesarios e imprescindibles para contarla. Saber qué estamos contando, es lo primero, luego nos preguntaremos, porque queremos contarla; después, por qué queremos contarla de esta manera y no de otra, justificando cada acción, cada palabra, cada elemento usado (desde el detalle más pequeño), porque todo confluye para contar algo, todo es y todo significa en el escenario.

Esta "carencia de alma", es muy común, lamentablemente. No solo por desconocimiento de los elementos teóricos y técnicos del teatro, sino también, porque cuesta mucho trabajo conseguir que la historia sea bien contada. No es sencillo lograr que un actor diga bien su texto, con profundidad; que sepa lo que está haciendo en escena y por qué lo está haciendo y a donde quiere llegar; saber y entender el rol del personaje, la historia, las relaciones con los demás personajes, etcétera, etcétera. Llevar a cabo estas tareas no es sencillo, ni se consigue de buenas a primeras, sino que amerita un gran compromiso por parte del colectivo para dedicarle esfuerzo, voluntad y tiempo, mucho tiempo.

Si el compromiso del grupo es consistente y su trabajo constante, y todas las tareas han sido cumplidas honesta y claramente, finalmente podremos montar la obra; y aquí, recién aquí, será donde recurriremos a los elementos técnicos (luces, sonido, escenografía, etc.) que nos ayuden a complementar el trabajo actoral y creativo, a contar bien y de mejor manera nuestra historia, no antes. Una vez unidas todas las fuerzas creativas, técnicas y actorales en el montaje, recién podremos decir con certeza que nuestro trabajo está listo para mostrarse al público; pues al mostrar un trabajo inconcluso, apresurado, carente de alma, con más forma que contenido, corremos el riesgo de no conseguir nuestro objetivo, sea cual fuere, conmover, entretener, etc., al público; y que nuestro trabajo quede en su memoria como una mera anécdota o como una obra más de las tantas (o pocas) que se hacen. El público espera y merece más.

He allí el meollo del asunto, hacer las cosas bien, no solo querer hacer algo por gusto, por pasión, sino considerar seriamente que lo que le ofrecemos al público debe ser sincero y atractivo, para que siempre venga a vernos y quede contento con nuestro trabajo; y para que nosotros nos sintamos satisfechos con nuestro esfuerzo.